CIUDADANIA
Podemos definir ciudadanía como un status jurídico y político mediante el cual el ciudadano adquiere unos derechos como individuo (civiles, políticos, sociales) y unos deberes (impuestos, tradicionalmente servicio militar, fidelidad...) respecto a una colectividad política, además de la facultad de actuar en la vida colectiva de un Estado. Esta facultad surge del principio democrático de soberanía popular.
El ciudadano dispone de una serie de derechos, reconocidos en sus constituciones, pero además tiene obligaciones con respecto a la colectividad (fiscales, militares...). En un estado democrático, el ciudadano se ve obligado a cumplir con esas obligaciones ya que son aprobadas por los representantes que él ha elegido utilizando uno de sus principales derechos políticos como ciudadano, el de sufragio.
La condición de la ciudadanía está restringida a las personas que tienen esa condición. Las personas que habitan en un territorio del que no son ciudadanos están excluidos de los derechos y los deberes que comporta la condición de ciudadano. Cada estado tiene unas normas que regulan la manera por la cual un individuo adquiere la nacionalidad de ese estado, es decir, la condición de ciudadano.
EVOLUCIÓN
En sus orígenes, la ciudadanía estuvo ligada a la actividad cívica y política de una persona, fue una identidad privilegiada, determinada por lo económico, lo político y la condición de libertad.
Para los Romanos, la ciudadanía significó, la posesión de unos derechos que se concedían a determinados individuos pertenecientes a una ciudad. Se constituyeron dos categorías de ciudadanos: los de segunda y primera clase; la ciudadanía para ese entonces, fue de carácter limitado y excluyente.
Después de Cristo, la ciudadanía se ve ligada a leyes y gobierno sobrenatural. Con la promulgación de la igualdad de todos los hombres frente a Dios se crea el espacio propicio para las luchas de liberación de esclavos; el cristianismo aporta una base para la conducta cívica y se cree entonces que "el buen cristiano es buen ciudadano".
Durante la época medieval, el ciudadano se define al habitar la ciudad y ésta es centro referencial de su identidad. En el renacimiento, adquiere fuerza la voluntad de la ciudadanía, pero después con la llegada de las monarquías, esta visión es reemplazada por el de súbdito. A partir de las revoluciones americana y francesa, la noción de ciudadanía pierde la raíz aristotélica que expresa privilegio, ampliándose a todos los estratos sociales y se rescata la connotación fuerte que implica la participación de los ciudadanos en la definición de las leyes.
Desde el punto de vista moderno, la ciudadanía comienza a desvincularse de su dimensión particularista cultural y a identificarse con pertenencia a una comunidad política amplia nacional. Aquí, la ciudadanía se divide en tres componentes: civil, político y social.
Actualmente, existen cuatro corrientes y nociones de ciudadanía, El Liberalismo que reconoce las libertades individuales, la autonomía de las personas y la libre ejecución de los asuntos que les interesen; El Comunitarismo que plantea que las libertades individuales no sirven sino hay pertenencia hacia una comunidad; El Republicanismo que reúne las dos anteriores pero concluye que "donde nos hacemos seres humanos es en la acción" y por último, El Multiculturalismo que enfatiza en el reconocimiento de las diferencias entre los ciudadanos, y nos ayuda a entender la variabilidad de culturas.
TÉCNICAS DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA
La participación ciudadana se ha erigido en una importante fuente de información y en una herramienta imprescindible para el desarrollo de la planificación estratégica. El gestor público necesita recabar toda aquella información que le permita descubrir los factores que determinan el éxito de los servicios que ofrece, con el fin de controlarlos y reconducirlos de modo que se alcancen los objetivos fijados. Mediante la información sistemática del grado de satisfacción ciudadana se puede diagnosticar fácilmente el estado actual de los servicios públicos locales, pudiendo establecer así un pronóstico y una terapia que aplicar.
La importancia de las nuevas tecnologías en este asunto es incuestionable, especialmente en un momento en el que existe una necesidad por parte de la Administración de desarrollar una atención más específica ante unas nuevas demandas sociales. En el futuro más inmediato el éxito de la Administración dependerá de su capacidad para asumir el liderazgo local y trabajar conjuntamente con los ciudadanos para lograr un mayor bienestar. Sin duda, estrechar la relación con los ciudadanos es una buena inversión para revitalizar la confianza de éstos en la Administración.
Pese al déficit democrático generalmente admitido, los ciudadanos muestran un interés sorprendente en explotar las oportunidades que les ofrecen las nuevas tecnologías aplicadas al terreno de la democracia. La gente manifiesta un entusiasmo genuino hacia la Administración cuando ésta les ofrece la oportunidad de involucrarse e influir en los servicios públicos y la política locales.
En este sentido, Internet se nos presenta como una herramienta extraordinariamente útil: su rapidez permite que se puedan hacer deliberaciones de calidad y consultas regulares sobre todos aquellos asuntos que influyen en la vida social y la política locales, sin ninguna restricción de espacio, de tiempo ni de número de participantes.
En los últimos años se han venido desarrollando distintas iniciativas de democracia electrónica con el propósito de renovar el sistema representativo actual, siendo la del panel de ciudadanos una de ellas. El panel agrupa a un conjunto de ciudadanos de un municipio a los que se les hacen consultas online relacionadas con cualquier asunto de interés local. Asimismo, y paralelamente a las consultas, los panelistas tienen también la posibilidad de participar en deliberaciones que se desarrollan mediante listas de distribución.
El hecho de registrarse en el panel es voluntario, y sólo está sometido a dos condiciones: estar inscripto en el censo municipal y ser mayor de edad. El tamaño del panel oscila entre los 500 y los 2.000 ciudadanos, y naturalmente la confidencialidad está garantizada. El panel ciudadano es una auténtica plataforma de participación, flexible y de bajo coste, cuyo objetivo es el de mejorar la provisión de los servicios públicos y lograr que el ciudadano participe efectivamente en el proceso de toma de decisiones.
Por otro lado, encontramos la técnica del foro ciudadano, la cual pretende superar la incapacidad de la democracia representativa para tratar determinados conflictos sociales, haciendo precisamente que unos y otros se junten en un mismo espacio, discutan y sobre todo, se conozcan. Es posible que en muchos casos no se alcancen acuerdos, pero si somos capaces de juntarnos, compartir un espacio, exponer nuestras razones y escuchar directamente de la boca de nuestro adversario las suyas, seguramente las divergencias no serán causa de conflictos violentos, tan sólo la manifestación de que somos diferentes.
Un foro ciudadano es por tanto un lugar de encuentro, un lugar en el que se pretende recrear la idea original de la comunidad, un espacio de confianza que tiene en cuenta las opiniones de todos, pues todos comparten al menos una idea: todas las opiniones son importantes, todas tienen una parte de la verdad.
En una línea contraria a la vieja dialéctica marxista, que esperaba alcanzar la verdad con una síntesis destructora de acción y reacción, el Foro Ciudadano inspirado en el Trabajo de Procesos sólo busca la verdad que la colectividad es capaz de darse a sí misma, verdad que nunca se alcanza del todo sino que es proceso permanente, verdad que oscila entre periodos de armonía y periodos de caos, pero que es la verdad del grupo, de la comunidad.
El proceso de movilizar a la gente para que participe en un foro ciudadano sobre un tema que divide a la población, en el que existen diferentes intereses, diferentes grupos con mayor o menor capacidad de presión, incluye al menos 3 etapas que deben ser cubiertas por orden: Identificar los líderes de la comunidad, Establecer contactos personales y Movilizar el resto de la comunidad.
La conclusión a la que llegamos es que la expansión de las nuevas tecnologías puede favorecer el desarrollo de una ciudadanía más participativa y contribuir decisivamente a que se refuerce la legitimación y el liderazgo de la Administración. Sólo hace falta que ésta dé el primer paso para convencer a los ciudadanos de su deseo real de apertura.
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