jueves, 15 de octubre de 2009

Trabajo enviado por Natalia Castoldi

PERIODISMO CIVICO: Por periodismo cívico, comunitario, de contacto con la comunidad o de interés público, se entiende la acción de "retomar contacto con la comunidad, descubriendo lo que los lectores quieren y abriendo espacios para charlas de temas del interés público", sostiene el periodista brasileño Carlos Castillo.
PERIODISMO INFORMATIVO: Estilo informativo, tiene como objetivo informar a los lectores, transmitirles información con animo de ser fiel a l reflejo de que ocurre. Aquí encontramos las noticias, informaciones, reportajes, crónicas.
Como su nombre lo indica, consiste básicamente en informar hechos actuales que tienen importancia para un determinado grupo de personas o para el público en general. Su interés primordial es localizar sucesos presentes sobre un personaje o sobre un acontecimiento. La tarea más importante que ha de cumplir esta clase de periodismo es lograr que lo que se narre sea actual, a la vez que genera cierto impacto en el público, pues de lo contrario el carácter noticioso del periodismo informativo se perdería.

Periodismo de investigación
Es aquél que busca revelar hechos de interés público a través de investigaciones periodísticas que profundicen en aquellos hechos que afecten el bien común, para lo cual se necesita recabar datos, realizar entrevistas, contrastar fuentes y contar con antecedentes fidedignos y documentos que permitan denunciar o publicar un reportaje. Lustran e ilustran el término: Truman Capote, con su novela A sangre fría, y Tom Wolfe con, por ejemplo, La palabra pintada, a propósito del pop art de los años sesenta.






1.5 Las críticas contra el Periodismo Cívico

Cabe coincidir parcialmente con Merritt cuando señala que el Periodismo Cívico ha recibido críticas innumerables desde sus comienzos, críticas que engloba en dos grandes grupos. Por un lado, están quienes han censurado “algunas prácticas periodísticas autodenominadas Periodismo Cívico, y estoy de acuerdo con muchas de esas críticas pues se han hecho cosas, en nombre del Periodismo Cívico, que yo jamás haría. Por otro lado, están quienes han pretendido criticar las ideas en las que se inspira el Periodismo Cívico y no las prácticas en las que se concreta. Sin embargo, el enorme pragmatismo periodístico de esos críticos los ha llevado a incurrir en el error de censurar las prácticas y dejar de lado los fundamentos filosóficos, que nunca han sido criticados de manera contundente” .
En el mismo sentido se manifiesta Carey cuando apunta que “esas críticas proceden, precisamente, de los mismos dos modos de entender el periodismo que han llevado al descrédito de la profesión entre los ciudadanos. (...) Una de esas tendencias, a mi juicio la más peligrosa y perversa, es la que sacrifica absolutamente todas las prácticas periodísticas a la rentabilidad económica. Nos encontramos aquí con la visión exclusivamente economicista de la comunicación.
La otra tendencia, menos pragmática y más teórica, es la que se concentra en defender la santidad de las prácticas periodísticas convencionales en contra de cualquier intento de reforma; es la tendencia que afirma —por ejemplo— que la única misión de los periodistas es la de explorar los temas conflictivos pero no la de cooperar en su resolución. Se trata de la visión política y socialmente conservadora que se niega a reconocer al periodismo un papel proactivo y no meramente reactivo dentro de la democracia. Estas actitudes han generado en los ciudadanos la sensación de que los medios están cada vez más alejados de ellos y de sus preocupaciones reales, han generado una situación en la que los medios son vistos como una parte más del statu quo”80 .
Al respecto de la primera tendencia crítica denunciada por Carey, puntualiza Rosen la importante distinción que establece la filosofía del Periodismo Cívico entre los conceptos de ‘espectador’ y ‘ciudadano’: “Debe realizarse una importante distinción analítica entre las categorías de ‘lector’ (o ‘espectador’) y la categoría de ‘ciudadano’. Las primeras tratan de comprender a la gente como usuarios de un producto o consumidores de un servicio, que es lo que las personas harían al exponerse a los medios. La segunda categoría, por el contrario, entiende a las personas como miembros de una comunidad, inevitablemente conectados con otros miembros de esa comunidad. (...) Si la primera forma de comprensión —ver a la gente como meros consumidores— es típica de los medios como negocio, la segunda —entender a la gente como ciudadanos— caracteriza a la prensa como institución estadounidense. Cuál de
estas comprensiones predominará es el tema central que debiera preocupar a las organizaciones informativas, las cuales son, y al mismo tiempo, empresas privadas y algo que las trasciende. La cuestión, entonces, pasa ahora por comprender adecuadamente el significado de ese ‘algo más que las trasciende’81 .
Sin duda, el Periodismo Cívico es una apuesta fuerte a ese “something more” señalado por Rosen como rasgo institucional del sistema de medios. Un ‘algo más’ que permite entender éticamente al Periodismo Cívico no sólo como un modo nuevo de hacer, un way of doing sino, especialmente, como un way of talking82 .
En ese sentido se inscribiría el movimiento en lo que Carey denomina el “journalism of conversation”: “El periodismo debiera concebirse más según un modelo conversacional que según un modelo informacional. Los periodistas son, simplemente, parte integrante de la conversación de la cultura de los Estados Unidos; una parte junto con el resto del público, ni más ni menos. Es un papel humilde para el periodismo pero, de hecho, lo que necesitamos es un periodismo humilde. Walter Lippmann tenía razón: el periodismo no puede decir toda la verdad porque nadie puede decir toda la verdad. Todo lo que el periodismo puede hacer es liderar la conversación pública, estimularla y organizarla, mantenerla en movimiento constante y alimentarse de lo que otras conversaciones tienen para ofrecer —la historia, el arte, la ciencia, la religión. (...) Al fin y al cabo, la vida social es una sucesión de metáforas, y la metáfora que ha gobernado la comprensión del periodismo en este siglo ha entrado en crisis. Ni el periodismo ni la vida pública mejorarán hasta que el público sea capaz de pensar y reinterpretar lo que es genuinamente el periodismo: no la ciencia o la información de la cultura, sino su poesía y conversación”83 .
En términos similares se manifiestan Rob Anderson, Robert Dardenne y George Killenberg al indicar que el periodismo, especialmente en los Estados Unidos, “no debiera ser definido por la dicotomía información-entretenimiento.
La función principal del periodismo no debiera ser ni informar ni entretener. Desde nuestro punto de vista, la función primordial del periodismo —y el único modo que posee de sobrevivir como una institución viable dentro del espacio público— es la de asumir la responsabilidad de estimular el diálogo público acerca de los temas que interesan al público democrático. El periodismo debe convertirse, en otras palabras, en un foro de argumentación. (...) The Conversation of Journalism sostiene que interactuar con la gente de este modo es parte del trabajo de los periodistas y que cuando éstos estimulan la conversación pública sobre las noticias, están trabajando. Así es el sistema informativo en una sociedad democrática”84

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