Orígenes del periodismo cívico
Las investigaciones efectuadas en la década pasada en los Estados Unidos indicaban que la gente había perdido, cada vez más, interés por la política nacional, al tiempo que desarrollaba un interés que se encaminaba a cuestiones locales, según lo comprobaron institutos de estudios en comunicación muy respectados, como Harwood Group, Nieman Fundation, Freedom Forum, Times Mirror Center for the People and the Press y Kettering Foundation.
Especialistas como Guy Debord también se ocuparon de la cuestión. Debord, por ejemplo, escribió La sociedad del espectáculo. La decisión, en 1994, de Pew Charitable Trust Fund, de crear un centro de estudios y desarrollo del periodismo cívico, contribuyó a reforzar esa modalidad que incorporó, en los Estados Unidos, por lo menos 650 programas entre los años 1994 y 2002, según datos divulgados en septiembre de 2002 por Lewis Friedland, profesor de la University of Wisconsin-Madison.
En porcentaje, dice Friedland, el 20% de los periódicos americanos estuvo, de alguna manera, envuelto en las prácticas cívicas en este período. En América Latina, hubo pocos casos. En Fortaleza (Brasil), por ejemplo, existió uno: hace seis años ocurrió un proyecto editorial del diario El Pueblo, para la cobertura periodística en temas infantiles sin tener los asuntos obvios como destino. En una ciudad afectada por los bajos indicadores sociales, la trivialidad en la cobertura habría sido fácil de alcanzar. El Pueblo fue por el camino contrario.
También en el Brasil hay pocas entidades como el Observatorio da la Prensa y el Instituto Gutenberg, que hacen con regularidad el papel de fiscales, en nombre de la gente, una actitud que, más adelante, puede cambiar en una práctica firme de periodismo de contacto con la comunidad. Hace poco, los investigadores brasileños Jacques Wainberg y Manuel Luís Pereira señalaron que solamente el 4,55% de los trabajos publicados acerca del periodismo en Brasil entre 1983 y 1997 giró en torno a la ética en la prensa. En valores absolutos, eran 20 trabajos (libros, artículos, tesis y disertaciones) en un universo de 436. Como ha dicho el profesor universitario Luiz Martins da Silva, de la Universidad de Brasilia: "el Brasil queda, para algunos de los aspectos de la vida social, como la Tierra para algunas de las estrellas que ya no viven, pero cuya luz finalmente llega hasta nosotros.
"En el área de la comunicación social, un asunto cabe para esa analogía. Tratase del civic journalism, un movimiento que tuvo su lanzamiento hace más de una década y que, por Brasil ni siquiera ha sido traducido".
Pocas o ninguna referencia
Como refuerzo a las palabras de Silva, la literatura en lenguas portuguesa y española acerca del periodismo cívico es risible y en Brasil, hay una sola investigación en marcha, aunque en fase inicial, en la misma Universidad de Brasilia (UnB). Pero aun hay más: en el Ministerio de Educación del Brasil no hay registrada la entrada, en su banco de dados, de ninguna disertación o tesis acerca del tema, en el periodo de 1996 a 2002, en un universo de 125.000 trabajos. En cuanto al resto de América Latina, también existe poco interés, aunque se dan excepciones, como los estudios del profesor Frederico Rey Lennon, de la Universidad Austral de Buenos Aires.
Por esto, hacer investigaciones para implantar el civic journalism en los países latinoamericanos es esencial, a fin de incitar cambios de determinadas políticas públicas, tal como ocurre en los Estados Unidos, como ilustran los pensadores Frank Denton y Esther Thorson, siempre a favor de las poblaciones menos informadas, haciendo que la política, por ejemplo, deje cada vez más de ser un ejercicio para pocos, para derramarse en "las personas comunes", presentándolas como a quienes "los negocios públicos los afectan y pueden tener impacto en sus negocios".
En última instancia, la búsqueda de parámetros más cercanos a la realidad latinoamericana puede dar origen a una generación de hombres de prensa que, "diciendo siempre la verdad, sean capaces de cambiar la cara de una nación", como sostenía el editor italiano Giulio de Benedetti, del diario La Stampa.
Otra definición de noticiero
Incitar a cambios es el objetivo básico del periodismo cívico. Davies Merritt, editor americano y considerado como el padre del concepto de civic journalism, dice que la prensa contemporánea necesita ser capaz de trascender la "misión limitada de contar las noticias, hasta una misión más amplia, de ayudar para que la vida pública funcione bien y de actuar fundándose en este imperativo".
Steele recurrió a un humorista, Finley Dunne, para describir la nueva misión de los diarios como la de confortar los afligidos y afligir a los ufanos. Marshall MacLuhan también se puede citar aquí, como a uno de los teóricos que influenciaron indirectamente en el periodismo público, cuando creó la división de los mass media en "calientes", en los que el receptor es pasivo, y "fríos", donde es posible el intercambio de datos.
Proyectos de la década pasada atestiguan lo que se escribe aquí, relatados por Carlos Castilho: "Una experiencia original es la del The Spokesman Review, un periódico de la ciudad de Spoke, en el Estado de Washington, que eliminó la sección de los editoriales y designó dos editores, llamados interactivos, para ayudar a los lectores a colocar sus opiniones en formato periodístico.
Otro ejemplo es el de Tallahasse Democrat en el Internet. El periódico, de la capital del Estado de la Florida, organizó debates entre los lectores y los miembros de la Cámara de los Diputados, y colocó el contenido de las discusiones en la red pública y gratuita de las computadoras, para que la gente pudiera seguir las discusiones en casa. El número de personas interesadas creció 200 veces en tres meses".
Jan Schaffer cuenta que "una de las experiencias más ambiciosas se realizó en 1999, cuando el periódico The Spokesman Review utilizó las herramientas de evaluación del periodismo cívico para determinar cuáles eran los momentos básicos de la vida de los jóvenes, a fin de establecer si tendrían éxito o fracasarían al llegar a adultos, acabando posiblemente en la cárcel. La investigación identificó algunos momentos interesantes, como el primer día de clase en cuarto grado, en el que se sabe si a un niño le va a gustar la escuela o no, o el primer día de clase del séptimo grado, en el que se determina si puede ser "nerd" o miembro del grupo influyente. La idea no fue solamente la de cubrir ese asunto, sino también la de descubrir algunos puntos de intervención para las agencia de la asistencia social a la comunidad. Esto es un desarrollo muy distinto de la noticia".
Esta clase de noticia también la siguió el The Orange County Register, diario del Estado de la California, que, según Schaffer, "realizó experiencias con una nueva técnica narrativa, para contar la historia de los Niños de motel, chicos dolorosamente pobres que vivían en moteles residenciales, frente al parque temático de Disneylandia. Contó la historia en forma de diálogos, usando las mismas palabras de los niños.
La reacción provocó sorpresa. Consiguió 200.000 dólares en donativos, 50 toneladas de alimentos, 8.000 juguetes y millares de horas de trabajo de voluntarios interesados en ayudar a los niños de moteles. Se destinó 1 millón de dólares para un programa residencial para retirar a las familias de los moteles. Una agencia sin fines de lucro lanzó una campaña de US$ 5 millones para tratar a las familias de moteles con problemas de drogas. La reportera Laura Saari afirmó más adelante que se impresionó mientras trabajaba en búsqueda de una solución. "Un reportaje similar, escrito de modo convencional, hubiera ubicado a las agencias del gobierno a la defensiva. Pero, debido a la forma cómo se produjo la cobertura, ninguna si sintió acusada. Así, en vez de gastar energía en la defensa, ellas fueron a las calles a ayudar", dijo Saari.
Los logros
Por fin, en un escenario como ese, se puede concluir que el beneficio para la comunidad es que los diarios vinculados con el periodismo cívico provean a los lectores más formas de actuar a favor de la colectividad. Y ellos, los lectores, actúan más cuando son invitados a ello. Y, como también dice Jan Schaffer, otro beneficio es que el civic journalism ayuda a elevar considerablemente los conocimientos de los lectores acerca de temas específicos. Otro beneficio: las comunidades acaban por adoptar el modelo de vinculación con lo cívico, sea por los círculos de estudios o por los equipos de voluntarios para la acción.
Y, para la prensa, ¿cuáles fueron los logros? Schaffer responde: "Vimos que creció el periodismo de profundidad con resonancia más auténtica para la comunidad, en vez de un periodismo que solamente repite los dos lados de una cuestión; vemos periodistas redescubriendo a sus gentes y rompiendo algunos viejos estereotipos; vemos todo tipo de innovaciones en las redacciones. Nuevas páginas, nuevos empleos, nuevos criterios, nuevas declaraciones de misión (...); por fin, el periodismo cívico creó un ambiente que permitió a los editores asumir nuevos retos".
A fin de cuentas, al practicar el periodismo público, está el periodista siendo un profesional ético en alto grado, en favor del ciudadano, que puede ser él también. Es trascender el mito del "periodista Watergate", siempre sólo, en búsqueda de un error para delatar. Es colaborar por una prensa más ciudadana, en el sentido que ella también sea responsable por los errores y aciertos y no apenas apunte las fallas y se auto-felicite por las conquistas.
Periodismo participativo
Es el acto de un ciudadano o grupo de ciudadanos que juegan un papel activo en el proceso de colectar, reportar, analizar y diseminar información. La intención de esta participación es suministrar la información independiente, confiable, exacta, de amplio rango y relevante que una democracia requiere.
El periodismo participativo se apoya en medios digitales para permitir la verdadera democracia electrónica. También ha sido llamado periodismo 2.0. Se apoya en medios tecnológicos.
También es el acto donde la comunidad puede poner en beneficio los medios de comunicación, para mejorar la calidad de vida, para tratar y analizar temas que afecten a la población. El periodismo participativo ayuda a que la sociedad busque la verdad y no espere a que otras personas piensen o actúen en favor de estos.
No obstante, quienes critican a ese tipo de periodismo afirman que los medios abusan de este recurso ya que la colaboración de los ciudadanos es gratuita, en contraste con un periodista profesional asalariado.
Periodismo de investigación
Es aquél que busca revelar hechos de interés público a través de investigaciones periodísticas que profundicen en aquellos hechos que afecten el bien común, para lo cual se necesita recabar datos, realizar entrevistas, contrastar fuentes y contar con antecedentes fidedignos y documentos que permitan denunciar o publicar un reportaje.
Recorte del Diario Clarín
¿Periodismo participativo o periodismo distributivo?
Hay un texto revolucionario en Internet escrito por un analista fascinante llamado Dan Gillmor. Es un e-book y está en la red. Se llama “We the Media: Grassroots Journalism by the People, for the People”, es decir, “Nosotros los medios: las raíces del periodismo, por la gente y para la gente”. La tesis central es simple y apabullante: avanzamos hacia un mundo en el que las noticias no necesitarán de los diarios para difundirse, “News without newspapers” (noticias sin diarios).
“Algo profundo está ocurriendo”, dice Gillmor. Las audiencias dejan de ser receptoras de noticias para ser a la vez productoras y emisoras de información. El crecimiento exponencial de los blogs, de los celulares personales como máquinas de captar y comunicar imágenes y mensajes, genera cada día un flujo de noticias lateral, y de pronto autónomo, al que se emiten desde los centros “autorizados” para informar, o sea: las empresas periodísticas mismas.
Estaríamos asistiendo al crepúsculo del periodismo distributivo, de las noticias difundidas desde centrales profesionales, para arribar, según Gillmor, al amanecer del “periodismo participativo”, o de un periodismo sin periodistas profesionales. En “The Wall Street Journal” el analista Glenn Harlan Reynolds, escribió el domingo 5 de junio un artículo en el que consigna está transformación, allí destaca que un blogger puede tener sus propios corresponsales en Ucrania o en Indochina y, si pretende, puede estar informado e informar prescindiendo de los medios tradicionales.
Pero hay pociones mas moderadas que las de Gillmor, en realidad, “The Wall Street Journal” considera que está revolución puede salvar a los medios, optimizar la información, obligar a “rechequeos” permanentes, a coproducir entre los ciudadanos y los periodistas profesionales una información mejor.
¿Por qué y cómo? En otro libro interesante llamado “The Vanishing Newspaper” (El desvanecimiento de los diarios) el analista Philip Meyer consigna que un informe del año 2000 muestra que el 78 por ciento de los nuevos periodistas contratados por las compañías de medios, proviene de las carreras de periodismo universitario. En el caso específico de los programas noticiosos de TV, el 94 por ciento provienen de las carreras de periodismo.
En España, en Latinoamérica en general y en la Argentina, la tendencia es la misma. Cada vez se requieren más profesionales que manejen habilidades específicas para informar, desde las tecnológicas, hasta las propiamente periodísticas. ¿Cómo se articula ese mundo no-profesional (según el canon periodístico) cívico y emisor de información con esta demanda acentuada de profesionales universitarios con formación focalizada por parte de las empresas periodísticas?
El periodismo participativo que conceptualiza Gillmor es una ola que no se detiene pero que no es autosuficiente. ¿Cómo se chequea que las noticias emitidas desde un blog sean verdaderas y no falsas? ¿Cómo se mide la calidad periodística en un mundo de noticias capilarmente extendidas, lateralmente diseminadas, en un nuevo escenario sin periodistas y sin medios periodísticos tradicionales?
Se dirá, lo cual no es un dato menor, que la sucesión de fraudes periodísticos detectados en los medios tradicionales, indica precisamente una crisis en ese sentido enclavada en el corazón de la prensa en sus formatos usuales e históricos.
Precisamente, la hipótesis de Harland Reynolds en “The Wall Street Journal”, es que el público en general, sigue manifestando el deseo de informarse a través de los medios históricos, pero controlándolos cada vez mas, incluyéndose de alguna manera en su confección, criticándolos desde los blogs, interactuando vía e-mail con los periodistas, articulando ese mundo informativo no formal, con el formal, generando un neo periodismo distributivo y participativo a la vez, en el que la linealidad de la lógica emisión recepción, será -y ya fue si se quiere- superada por un flujo bidireccional en el que emisores y receptores cambian roles todo el tiempo, mejorando así la calidad informativa general.
No es que los fraudes no existieran antes, sino que las audiencias ejercían menos control sobre ellos. Es una hipótesis. La respuesta vive aún en el futuro.
jueves, 1 de octubre de 2009
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